Tan conocido y tan ignorado a la vez: el viejo cajón de manzanas.
Ya sé, no es una novedad pero me gusta tanto que no podía dejar de mostrarlo. Este objeto tiene mil lados positivos: es fácil de conseguir, es fácil de pintar, tiene varios usos, quedan re lindos en cualquier rincón... por otro lado, no nos duele la mano al sacar dinero del bolsillo, reciclamos y ordenamos.
Imaginátelo pintado de colores y lleno de libros y recuerdos de algún viaje, separando la cama de donde tenés la mesa de tu monoambiente. Imaginátelo como repisa pintado de blanco en la habitación de tu hija a full de muñecas... Con CDs, con rudas, para apoyar el teléfono... hermoso! Yo ya probé con el mío:
Puse dos de los objetos que más me gusta mirar: la azucarera de mi abuela Victoria, que vive en Uruguay, que a su vez era de su madre Estrella. Es esmaltada y tiene algunas partecitas saltadas por el incansable uso a lo largo de tantos años. No recuerdo una sola tarde en la casa de Montevideo sin que estuviera él en el centro de la mesa de formica celeste.
También está presente la Vespa que trajimos con Maridovio de Italia, la pobre viajo envuelta en cien mil papeles para no morir en el intento. Es hermosa y cada vez que la veo siento que escucho los ruidos de la maravillosa Roma, el agua de la Fontana di Trevi...inolvidable.
Se viene el cajonete con rueditas!


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